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viernes

Prioridades...

La vida sigue, continúa, pero a la vez se consume, es efímera. Cada segundo que vives, es un segundo  que te aproximas a la muerte, parece raro, pero es así, y no podemos cambiarlo. Lo único que podemos hacer es intentar aprovechar cada uno de esos segundos que nos acercan a la muerte. Yo estoy escribiendo esto, para muchos será una pérdida de tiempo que directamente ni harán un esfuerzo por leer, pero mientras tanto a muchos otros les hará pensar si realmente esos pantalones a la última moda le son necesarios, si ese enfado con ese amigo de toda la vida va a servir para algo, y si todas esas cosas materiales que creemos imprescindibles son las que realmente llenan nuestras vidas. ¿A caso en tu lecho de muerte, a punto de agotar esos segundos, quieres recordar ese montón de dinero que te hizo alejarte de tus seres queridos? ¿A caso no prefieres estar ahí, con esos pantalones que tu madre ha remendado, con toda tu familia, tus amigos y la gente a la que quieres diciéndote:" Ánimo, no estás solo, y cuando te recuperes volveremos en nuestro 600 a casa, todos juntos otra vez…"? Realmente la vida no se cuenta por el tiempo que pasamos respirando, sino por todos y cada uno de los momentos que nos dejan sin aliento. Haz q todos los segundos que te acerquen a la muerte sean de esos que te dejan sin aliento. Vive, salta, grita, llora, ríe, baila, porque cada segundo puede ser el último. Nunca olvides a los que tienes a tu alrededor, recuerda que el dinero no da la felicidad, y que la vida fue inventada para ser vivida. 

Belén Gorriz. 

Melendi. Canción de amor caducada.

Poborina Folk

"Yo no soy muy de abrazar, y en El Pobo abrazo, ni de besar y beso. Y lleno de cerveza la sartén y me la descuelgo por el gargavero mientras el Comando Cucaracha toca desde el cielo, y bailo mientras Eliseo toca un Aje chao y flipo con el desaliño de los franchutes y me voy a dormir borracho de amigos y risas y sonidos viejos y en el desayuno hablamos del pipirigallo. Deberían de poner esas cosas en los telediarios para que la gente se de cuenta, al comparar con las tragedias, del milagro que supone cambiar las armas por instrumentos, la sangre por el vino y el odio por la amistad." 


Eusebio "Mayalde"

jueves

Si yo, tú, si tú yo..

Sonríe.

Sonríe!, Quizás no todo haya salido como lo planeaste, pero no pierdas el tiempo, hazlo ahora, sí, ahora, ayer ya no podrás volver a sonreír, y quizás mañana te apetezca llorar, pero incluso así, ahora sonríe, que¿¿por qué??, bueno, y ¿¿por qué no??, sonríe ahora, porque incluso la sonrisa más triste alegra, sonríe, porque la gente que está a tu lado, incluso yo, ahora mismo, sonrío, xQ me imagino viéndote sonreír…

Belén Gorriz

miércoles

El elefante encadenado.

Cuando yo era chico me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. También a mí como a otros, después me enteré, me llamaba la atención el elefante. Durante la función, la enorme bestia hacia despliegue de su tamaño, peso y fuerza descomunal... pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas clavada a una pequeña estaca clavada en el suelo. Sin embargo, la estaca era solo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir. El misterio es evidente: ¿Qué lo mantiene entonces? ¿Por qué no huye? Cuando tenía 5 o 6 años yo todavía en la sabiduría de los grandes. Pregunté entonces a algún maestro, a algún padre, o a algún tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado. Hice entonces la pregunta obvia: -Si está amaestrado, ¿por qué lo encadenan? No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente. Con el tiempo me olvide del misterio del elefante y la estaca... y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta. Hace algunos años descubrí que por suerte para mí alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta: El elefante del circo no se escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde muy, muy pequeño. Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró, sudó, tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo, no pudo. La estaca era ciertamente muy fuerte para él. Juraría que se durmió agotado, y que al día siguiente volvió a probar, y también al otro y al que le seguía... Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino. Este elefante enorme y poderoso, que vemos en el circo, no se escapa porque cree -pobre- que NO PUEDE. Él tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que sintió poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro. Jamás... jamás... intentó poner a prueba su fuerza otra vez...

Jorge Bucay.