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viernes

Relación maestro-alumno

 Hay días en los que muchos de nosotros, los docentes, salimos de la escuela con una sensación semejante a lo que sería volver del campo de batalla. Pareciera que nuestro trabajo, ligado a los procesos de enseñanza-aprendizaje, quedó en un segundo plano y a lo largo de la jornada quedamos enfrascados en enfrentamientos de más o menos intensidad con el grupo de alumnos.
 En lugar de propiciar procesos académicos, lo que sentimos es que hemos dedicado el día a presionar, convencer, regañar, castigar y forzar para conseguir un ambiente propicio al trabajo escolar. Percibimos también que los alumnos han hecho su esfuerzo... pero en sentido contrario.
 Desafortunadamente, así como el paso continuo hace vereda, algunas dinámicas escolares tienden a dejar huella y a reproducirse con pasmosa regularidad en el día con día. Hablar de lucha o batalla sería opuesto a cualquier concepción educativa contemporánea. Motivo más que suficiente para abandonar la lectura; y sin embargo, por lo menos como un pretexto para la reflexión, nos atrevemos a proponer tal símil: el de la contienda escolar en el salón de clases.
 En principio parecería que sí, que así es. Mismo objetivo, mismo trabajo y mismo ambiente. Sin embargo, de entrada hay una diferencia fundamental. Tratándose de procesos de enseñanza-aprendizaje, el sitio ocupado por usted y el ocupado por sus alumnos, es diferente.
 De alguna manera, la escuela como institución considera que usted ha concluido una formación, o cuando menos ha rebasado los límites mínimos como para considerar que su papel en la sociedad es ya el de ayudar a otros —los alumnos— en el avance de su propio proceso.
 En lo que se refiere a los estudiantes, se asume que su formación es incipiente y requieren por tanto de ayuda: la que usted brinda como profesor o profesora. Así, pues, algo que debe quedarnos suficientemente claro es que no somos amigos ni compañeros: nosotros somos maestros y ellos alumnos.

Ramón Cordero G.

jueves

Métodos de aprendizaje.


No todos los estudiantes aprenden de la misma manera. A unos el estímulo visual les llega antes, a otros el auditivo, el táctil o el cinestético. Si descubres qué tipo de aprendizaje sigues, podrás conseguir que tu rendimiento académico sea mayor y mejor.
 -APRENDIZAJE AUDITIVO:
Si te es mucho más fácil aprender a través de lo que te llega por el oído, todo lo que recibes en tus clases o lo que te expliquen los demás te será de gran utilidad. Puedes aprovechar esta facilidad acudiendo a conferencias o charlas, viendo vídeos documentales sobre temas que te interesen... verás cómo aprendes mucho más que si te limitas a tus libros y apuntes.
 -APRENDIZAJE VISUAL:
Se da en las personas que tienen mucha más facilidad para aprender a través de lo que ven sus ojos. Si no te basta con las explicaciones del profesor para entender la lección y necesitas examinar la materia con tus propios ojos, es decir, precisas de dibujos o esquemas para retener la información, significa que tienes la llamada "memoria fotográfica" y que tu aprendizaje es visual.
 -APRENDIZAJE TÁCTIL:
Si tienes este tipo de aprendizaje no te sirven de mucho las explicaciones teóricas y necesitas que te enseñen mediante la práctica de la teoría dada. Entenderás mejor en qué consiste una suma y una resta si te ayudan con objetos: lápices, cajas.... En química preferirás poner en práctica las fórmulas que te explican.
 -APRENDIZAJE CINESTÉTICO:
Si explicas las cosas gesticulando mucho y moviéndote de aquí para allá como si representaras una obra de teatro, tu aprendizaje es cinestético y tienes mucha facilidad para el lenguaje corporal. Tu retentiva podrá ayudarse visitando museos, yendo al teatro ...



El día de la paz.

Como cada año celebraremos el Día de la Paz. Como si fuera el único día del año que aún se nos permite hablar de valor tan importante. No obstante, y siguiendo unas extrañas normas político-gramaticales podremos decir “Sí a la paz”, y evitar cualquiera otra forma sintáctica que pudiera resultar sospechosa de qué sé yo.
Los colegios e institutos se llenarán de palomas blancas, de manos blancas, de fotografías de Gandhi y Rigoberta Menchu. Y haremos buenos propósitos de llevarnos bien, de no enfadarnos con los compañeros, de hacer el “paripé” y hacer ver que todo funciona bien, es decir, de una forma políticamente correcta.
En el otro extremo del mundo, se estará librando una guerra absurda de la que no conviene hablar. Igualmente, en decenas de países se estarán librando numerosos conflictos, que dejaron de ser noticia hace mucho tiempo. Porque lo que realmente interesa a quienes no aprendieron a disfrutar de su vida, es ocupar sus largos ocios en alcahuetear en la vida de los demás. Y claro, los medios también están sujetos al mercado, y el poderoso caballero de la oferta y la demanda dicta qué es y qué no es importante a los ojos del consumidor.
Este maquillaje de la realidad se ha convertido en algo habitual, incluso necesario. Teníamos  pocas vendas, que además nos imponen otras que impidan ver tantos y tantos desaguisados sociales, porque la felicidad debe encumbrarse en la ignorancia, según los nuevos modos de esta sociedad.
Lavaremos nuestras conciencias en fecha tan señalada, como tenemos la ocasión de hacerlo cuando por ley se celebra el Día de los Derechos Humanos, tan venidos a menos, o el Día de la Música, tan aparcada en los planes de estudio. Pero habremos, en fin, sufrido la falsa catarsis que permite recordar durante un día y olvidar durante un año. Nos acercaremos a los medios para rescatar datos que justifiquen esta celebración, como si el mundo hubiera caído por arte de magia, en esta fecha, en una hecatombe. Pero, esas imágenes pasarán al olvido, como si el resto del año no existieran. Y celebraremos el que solo un día el mundo esté tan mal.
Según un informe de la ONU aportado por Routers: "Una niña que nazca hoy en Japón tiene una expectativa de vida de 85 años, mientras que otra nacida en Sierra Leona, seguramente, no sobrevivirá más allá de los 36 años". Otro estudio que aparece en la revista “Atapuerca” señala que: “Los grupos humanos del Pleistoceno no superaban los 50 años”.  Pues bien, en tanto algunas regiones mundiales continúan en la Prehistoria, otras continúan en su particular evolución, o mejor involución, hacia una Prehistoria donde las mentes no alcanzan más allá del mando de televisión, la pantalla del móvil o el cronómetro del microondas.
A pesar de todo, y más en mitad de una campaña electoral, se nos intenta convencer de que todo esto son espejismos, que la realidad es otra, que verdaderamente el mundo está en paz, que las guerras son necesarias y las hamburguesas simbolizan el alto nivel de vida que nos asiste. Las mentiras se suceden, eso sí, pagadas por nosotros mismos con ese diezmo que, mal que nos pese, ya se pagaba en la sociedad egipcia, más tarde en nuestro pasado feudal y hoy, en otros términos, en el actual sistema político llamado democrático.
Sobrevolarán las palomas blancas sobre nuestras conciencias y quedaremos liberados. Brindaremos con cava y los ojos cerrados, para no tener que mirar los ojos de aquellos que no pueden brindar, y cuya liberación suele estar ligada a la amputación de sus miembros o a su propia muerte. Extraña paradoja a celebrar el Día de la Paz.
Observamos impasibles esa sucesión de estrategias encaminadas a encumbrar unas culturas sobre otras. Los analistas militares hablan sobre las formas más inteligentes de matar. Y en ello, implicados niños y adolescentes que nunca comprenderán el porqué de empuñar un arma.
Quizá las palabras de Kofi. A. Annan sean buen consejo: “usemos estas 24 horas –este breve período que esperamos sea relativamente tranquilo— para empezar un diálogo pacífico, que debería continuar en la Asamblea General, para promover un consenso global acerca de las amenazas dominantes a la paz y la seguridad en nuestro tiempo –y más que todo, que hacer frente a ellas.”
Pintémonos las manos de blanco, vuelen las palomas blancas, pero no intentemos desfigurar un mundo ya de por sí demacrado por la violencia, por las diferencias, por la injusticia. Hagamos patente esta realidad no hoy, sino día a día mientras haya una sola persona en el mundo empuñando un arma. No es día para eufemismos, sino para entresacar las palabras reales, duras y ciertas, los datos y la información a partir de los cuales podamos tomar verdadera conciencia de la situación mundial, y con esa referencia  intentar dejar un mundo más justo y más habitable que el que hemos encontrado.
Hoy,  como Martin Luther King aquel 28 de agosto de 1963, yo también tengo un sueño.

Javier Sanchez Sanchez

miércoles

Orientaciones al profesorado sobre el maltrato escolar.

1. Introducción.
Afortunadamente son escasos los maltratos entre alumnos, pero en alguna ocasión han existido. Agresiones y amenazas entre algunos alumnos, robos, temor a venir al centro... son situaciones que, aunque aisladas, nos hemos encontrado.

Estas situaciones, también llamadas bulling son difíciles de detectar, sobre todo las que se refieren al acoso o maltrato entre iguales.

Las manifestaciones de acoso entre iguales son de muy diversa índole: chantaje económico, coacciones, aislamiento, violencia psicológica...

"Un alumno es agredido o se convierte en víctima cuando está expuesto de forma repetida y durante un tiempo, a acciones negativas que lleva a cabo otro alumno o varios de ellos" (Olwedus,1998)

Existen tres factores básicos para que se considere que existe acoso o maltrato entre alumnos:
1. Ha de existir una víctima (indefensa) atacada por un abusón, o grupo de abusones. Es una relación de poder.
2. Debe suceder durante un periodo de tiempo prolongado y de forma repetida.
3. La naturaleza de la agresión puede ser física, verbal o psicológica.
2. Si sospecho que un alumno sufre maltrato.
Debo sospechar que un alumno sufre maltrato cuando:
- Observo cambios de actitud: tristeza, depresión, falta de autoestima, aislamiento, poco comunicativo...
- No quiere mantener relaciones con compañeros, o éstas son escasas o nulas.
- Le desaparece material, libros... con frecuencia
- Se queja de ser insultado, burlado, agredido...
- Rehuye encontrarse por la calle con personas del entorno escolar.
- Recibe abucheos repetidos.
- Le roban objetos: ropa, mochilas, cuadernos, libros, etc.
- Se produce una sumisión incondicionales a otros alumnos.
- Absentismo escolar.
- No participa en salidas del grupo en actividades extraescolares.
- Aparecen pintadas del nombre de un alumno en puertas y paredes.
- Muestra evidencias físicas de violencia y de difícil explicación.
Debo fijarme en:
- La relación en los pasillos.
- La relación en el patio.
- El momento de entrar y salir del instituto.
¿Qué puedo hacer?

- Intervenir sin dilación sobre los protagonistas y sus sentimientos: sobre la víctima, el agresor y los espectadores.
- Hacer conscientes a los involucrados desde el primer momento del daño y perjuicio que actos humillantes pueden causar en una persona.
- Comunicar los hechos al tutor, en su caso, para que se canalicen a través de el todas las medidas.
- Trabajar en tutoría, en su caso, los temas siguientes:
     • La violencia escolar, pasando al principio un cuestionario o realizar un test sociométrico. a los alumnos, anónimo, para que podamos conocer la actual y, en su caso, prevenir esta problemática.
    • Reacción ante las situaciones conflictivas.
    • Favoreacer las relaciones positivas.
- Aplicar castigos proporcionalmente al acto violento.
- Derivar inmediatamente hacia el estamento que mejor pueda resolverlo, Jefatura de estudios o Departamento de orientación, para que tome las medidas oportunas.
- Proponer al Claustro para que si considerea oportuno iniciar un programa a nivel general de centro.
3. Si creo que un alumno puede estar ejerciendo maltrato.
Debo sospechar que un alumno está ejerciendo maltrato cuando:
- Mantiene comportamientos agresivos:
        . Ejerce maltrato
        . Realiza bromas pesadas
        . Manifiesta ira descontrolada por razones poco significativas
       .  Insulta y amenza a sus compañeros.
- Ignora los derechos de los demás.
- Mantiene una intolerancia y actitudes prejuiciosas a las diferencias de los demás.
- Se muestra enfadado con frecuencia, impaciente y emplea tonos despreciativos en sus valoraciones sobre los demás.
- Se siente con frecuencia insatisfecho, sin motivación para trabajar con los demás.
- Trata de imponer sus criterios utilizando la agresividad verbal o física.
- No controla sus reacciones.
- Tiene un historial previo de problemas de disciplina y de violencia.
- Pertenece a pandillas violentas.
- Tiene peleas con los compañeros y/o familiares.
- Destruye el material de los compañeros o del centro.
- Poseee objetos que pueden ocasionar violencia.
- Realiza amenazas para hacerse daño así mismo o suicidarse.
- Suele ser fuerte físicamente.
- Posee escasas escasas habilidades sociales.
- Tiene dificultades para seguir normas.
- Mantiene relaciones negativas con los adultos.
- Ofrece bajo rendimiento escolar.
- Nula capacidad autocrítica y alta autoestima en aspectos no escolares.
¿Qué puedo hacer?
- Hablar directamente sobre lo que está pasando.
- No ocultar la información o la sospecha que se tiene y afrontar la situación.
- Informarle claramente y sin concesiones de que estas situaciones deben pararse y que es su deber reparar los daños y cambiar su actitud.
- Ponerte en contacto con el instituto, a través del tutor, departamento de oreintación, Jefatura de Estudios, para conocer con detalle su actitud en relación con los compañeros.
- Indagar sobre su participación en grupos que actúan impunemente y comunicarle que debe de romper ese tipo de vínculos saliendo del grupo si es necesario.
- Ofrecerle tu ayuda para que pueda modificar la situación social en la que se encuentra.
- Hacerle ver que esas conductas son dañinas y peligrosas tanto para las víctimas como para él y que este problema nos preocupa tanto o más que el rendimiento académico y que nos sentimos en la obligación de atajarlo.
- Nuestra actitud debe de ser firme y decidida de rechazo hacia esos comportamientos, sin necesidad de incluir la amenaza ni la violencia.
- Dejarle claro que los pasos que damos son precisamente porque nos preocupa y porque nos sentimos obligados a hacerlo para mejorar su desarrollo personal.
- Hay que obligarle a reparar los daños.
- Una vez puestas las medidas, observar cuidadosamente los posibles cambios.